Patrimonio documental propuesto por México y recomendado para su inclusión en el Registro de la Memoria del Mundo en 2005.

La Biblioteca Palafoxiana de Puebla, única biblioteca que constituye hoy en día un testimonio inalterado del legado europeo en América, tiene como objetivo asegurar el acceso más amplio posible a la información contenida en sus más de 41.000 libros impresos y en sus manuscritos, parte de una escogida colección bibliográfica que abarca desde 1473 hasta 1821 (19.172 registros).

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Fundada en 1646, la Biblioteca Palafoxiana fue la primera biblioteca pública de América, y ha conservado fielmente su tradición de patrimonio intelectual y cultural europeo. Se esfuerza por mantener un vínculo vivo con la sociedad que la vio nacer, y por integrarse en el universo de la información con instituciones similares de otras regiones del mundo mediante técnicas de comunicación modernas como Internet y las tecnologías multimedia. La Biblioteca Palafoxiana es una biblioteca abierta al uso compartido del saber.


La Biblioteca Palafoxiana de Puebla es famosa por haber preservado intactos su sede y su acervo bibliográfico, su arquitectura y sus estanterías, que ofrecen más de 41.000 volúmenes impresos y un fondo de manuscritos único en el mundo, al que se suman nueve incunables.

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Cabe mencionar que todos estos textos están escritos en lenguas muertas: hebreo, latín, sánscrito, caldeo y griego; otra parte del acervo está escrita en náhuatl, y muy pocas piezas se pueden leer en español, lo que convierte a la biblioteca Palafoxiana en una cuna muy importante del conocimiento.

La importancia de ese patrimonio singular aún debe ser establecida por la comunidad científica mundial. La biblioteca está instalada en el mismo edificio desde 1646, y es el único ejemplo de su clase que subsiste en América.

En 1981 se declaró como Monumento Histórico Nacional y en el 2005, su variedad y riqueza bibliográfica le mereció el título de Memoria del Mundo por la UNESCO; adquiriendo con ello, más responsabilidades y tareas a realizar para conservarse por mil años más al servicio de la ciencia y la cultura, como lo hubiera deseado el obispo Juan de Palafox y Mendoza.

FUENTE: UNESCO