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La leyenda de Catarina de San Juan, conocida como la China Poblana

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La leyenda de Catarina de San Juan, conocida como la China Poblana

La China Poblana esta enterrada en el Templo de la Compañía.

Nuestro personaje de esta semana es la China Poblana, ¿quién es esta mujer?, se cuenta una leyenda de esta mujer se dice que tenía raíces hindúes, le decían la «chinita» y se llamaba Mirra, nació en la tierras del Gran Mogol en la India y era princesa. Cuenta que cuando tenía ocho años, Mirra fue secuestrada por unos piratas portugueses, sería en Portugal donde cambiarían su nombre a Catarina y posteriormente sería vendida a un comerciante que la trajo a México, por Acapulco.

Se dice que a pedido de Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, marqués de Gelves y virrey de Nueva España, un mercader trajo desde Filipinas una jovencita indostana que debía estar al servicio personal del virrey. Esta niña, era precisamente Mirra, fue raptada por piratas portugueses y llevada a Cochin, en el sur de la India. En ese sitio, escapó de sus raptores y se refugió en una misión jesuita, donde fue bautizada con el nombre de Catarina de San Juan. Mirra fue raptada nuevamente por los piratas que la habían sacado de su casa natal, y en Manila la entregaron a quien luego la llevó a la Nueva España. Pero habiendo desembarcado en el puerto de Acapulco, en lugar de entregarla al marqués de Gelves, el mercader la vendió como esclava al comerciante poblano don Miguel de Sosa por diez veces el valor que el virrey había prometido por ella.

Cuando llego a Puebla, un matrimonio poblano no tenía hijos y compraron a la chinita para adoptarla como hija, aunque siguió siendo esclava. Así, quedó en casa de los Sosa entre ahijada y sierva. Mirra era bellísima, aprendió con sus padres adoptivos a hablar el español, a cocinar y a hacer labores de aguja, pero se negó a aprender a leer y a escribir.

Catarina se hizo muy popular por su belleza y manera muy peculiar de vestir, a la usanza hindú. Cuando salía a la calle siempre llevaba un manto que le cubría la cabeza y parte de la cara y doblándolo de mil formas distintas, como el sari de las mujeres en la India. Desde esta época, Catarina gozó de la piadosa estimación de buena parte de la sociedad poblana y contó con el apoyo de la prestigiada Compañía de Jesús así como con la de otros clérigos.

Don Miguel Sosa murió en diciembre de 1624 y en su testamento dio la libertad a Catarina quien se quedó, propiamente, en la calle. La recogió el clérigo Pedro Suárez y vivió en la pobreza haciendo vida ascética y siempre vestida con su indumentaria de saya, manto y toca.

Catrina vivió 82 años y murió el 5 de enero de 1688. La muchedumbre asistió a su entierro, actualmente hay un monumento a la “china poblana” en Puebla.  En Puebla de los Ángeles se le rendía veneración como santa, hasta que en 1691 la Santa Inquisición debió prohibir las devociones populares. En la actualidad, el Templo de la Compañía, en Puebla, que se encuentra ubicado en la avenida Juan de Palafox y Mendoza y la 4 sur en la centro histórico; es conocido como La Tumba de la China Poblana, puesto que en su sacristía reposan los restos mortales de Catarina de San Juan.

A través de los años, la china poblana ha sido una de las figuras populares más pintadas, estampadas y fotografiadas desde la época colonial. Su lujoso traje lleva una falda o “zagalejo” de paño, generalmente rojo, recamado de lentejuelas con dibujos geométricos, y en el frente el águila nacional.

Este además consta de fajilla de raso de algodón, con su blusa dorada de puntos de cruz, de colores o de hilos preciosos, con su rebozo siempre cruzado sobre el pecho, falda no tan larga y bordada, y una belleza encantadora. Esto era lo que caracterizaba a la “china poblana”.

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